Habíamos perdido algo, esa magia, eso que nos hacía únicos.
El día que temí por tanto tiempo se acercó sigilosamente hacia mí y me tomó por
la espalda. Quizás el simple hecho de saber que algún día sucedería fue el
motivo por el cual me sorprendió tanto. Quizás lo que me dolió fue saber que
podías conseguir nuestra magia con alguien más, que yo no era necesaria, que la
magia está solo en vos. Y aunque
tratemos de volver atrás con muchas palabras y pocas acciones, esa magia había
volado hacia otro lugar y nunca volvería, no para nosotros.
Las silenciosas lágrimas que se entremezclaban con las gotas
de la lluvia de la ducha se llevaban consigo la pequeña y escasa magia que
habías dejado en mí.
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