Necesitaba escapar de tanto dolor, un lugar en donde
refugiarme. Sabía a donde ir, no sabía como llegar. Todas mis esperanzas
estaban depositadas en ese lugar, donde no esperaba que las cosas fueran
mejores sólo dejar atrás todo lo que me lastimaba y no volver jamás. Durante
meses me encontré consolándome con la idea, y eso era lo único que me mantenía
en pie, por lo que lucharía hasta el último momento. Tal vez era alocado, tal
vez no tenía sentido, tal vez no me serviría o no lo lograría. Ideas alocadas
que habrían funcionado en alguna novela antigua cruzaban mi mente y me
arrebataban de la realidad.
Ansiaba esas playas, el sol, estar sola sin conocer a nadie
en un lugar desconocido. La rutina me estaba matando, la misma calle, el mismo
micro, la misma gente y el mismo corazón partido. Por ahí no lograría mi
objetivo yéndome y mi corazón seguiría roto indefinidamente; pero lo único que
deseaba era alejarme. Siempre escapé de las cosas porque las únicas veces que
quise hacerles frente se rieron en mi cara, dejándome desolada. Y ahí estaba
yo, en la misma habitación soñando como tantas veces lo que sería llegar a mi
sueño. Y aunque no fuera pronto, y aunque faltaran años, lo haría, tenía que
intentarlo.Me iría, dejando en este pobre y triste lugar la estela de alguien cuya
existencia sería olvidada por todas esas personas que significaban algo para
mí.