viernes, 31 de mayo de 2013

Australia

Necesitaba escapar de tanto dolor, un lugar en donde refugiarme. Sabía a donde ir, no sabía como llegar. Todas mis esperanzas estaban depositadas en ese lugar, donde no esperaba que las cosas fueran mejores sólo dejar atrás todo lo que me lastimaba y no volver jamás. Durante meses me encontré consolándome con la idea, y eso era lo único que me mantenía en pie, por lo que lucharía hasta el último momento. Tal vez era alocado, tal vez no tenía sentido, tal vez no me serviría o no lo lograría. Ideas alocadas que habrían funcionado en alguna novela antigua cruzaban mi mente y me arrebataban de la realidad.

Ansiaba esas playas, el sol, estar sola sin conocer a nadie en un lugar desconocido. La rutina me estaba matando, la misma calle, el mismo micro, la misma gente y el mismo corazón partido. Por ahí no lograría mi objetivo yéndome y mi corazón seguiría roto indefinidamente; pero lo único que deseaba era alejarme. Siempre escapé de las cosas porque las únicas veces que quise hacerles frente se rieron en mi cara, dejándome desolada. Y ahí estaba yo, en la misma habitación soñando como tantas veces lo que sería llegar a mi sueño. Y aunque no fuera pronto, y aunque faltaran años, lo haría, tenía que intentarlo.Me iría, dejando en este pobre y triste lugar la estela de alguien cuya existencia sería olvidada por todas esas personas que significaban algo para mí. 

lunes, 27 de mayo de 2013

A cinco segundos de tocar el suelo

El aire alborotaba sus cabellos, haciendo que estos se movieran como látigos ciñéndose sobre su cara. Caía libremente, felizmente, sin preocupaciones; devorando distancia en poquitísimo tiempo. El suelo podía estar lejos o cerca, pero no le preocupaba, porque sabía que moriría así sea en el trayecto o tocando el piso. Pocos se animaban a saltar el acantilado infinito porque todos temían al final y temían también no encontrarlo. Pero ella no, sabía que todo terminaba o al menos, debía hacerlo; es por eso que creía que ella era capaz de encontrar el final del acantilado. Llevaba cayendo mucho tiempo, se sentía como si estuviera a punto de encontrar el centro de la tierra y aun así, nunca llegaba.

Entonces sucedió, un vuelco en su corazón, recordó el motivo por el que había saltado. Un final que ansiaba pero no podía dárselo ella misma, por eso saltó. Esperando olvidar, perdonar o reencontrarse a sí misma en el final. Un recuerdo enterrado a kilómetros bajo tierra fue traído a la superficie en el tiempo que cuesta chasquear los dedos. Sus lágrimas flotaron, perdiéndose en el aire. Algo dentro suyo se rompió, claro que no fue su corazón. Fue ella, entera, todo su interior estaba roto; sus creencias, sus sueños, sus esperanzas, sus miedos, se partió en dos. Se despidió de su mundo en un suspiro a cinco segundos de tocar el suelo. 

domingo, 19 de mayo de 2013

El olvido


Llevaba en mis manos nuestro último recuerdo, el más agradable, el más doloroso. Era tan frágil como sólo un recuerdo puede serlo. Lo cuidaba, lo alimentaba, trataba de hacer que crezca hasta que se convirtiera en algo real, en algo del presente. Sin embargo, no lo hacía; se volvía más inalcanzable y lejano aunque se encontraba en mi mano. Lo único que no cambiaba de ese recuerdo era el brillo y la calidez que recibía cada vez que lo miraba.
Lo llevaba conmigo a donde sea que me dirigiera, como si abandonarlo fuera lo último que haría en el mundo. Me atemorizaba tocarlo y que estallara, desapareciendo para siempre. Lo atesoraba, lo adoraba, me deleitaba con cada mirada que le echaba. Todo el cuidado y la atención que le di llevó al trágico y predecible final. Con el tiempo había perdido tamaño y cuando  lo toqué por última vez no fue necesario que se estrellara contra algo para que se rompiese. Simplemente lo hizo, desapareció. Tanto miedo había tenido a ese momento que cuando se rompió no pude sentir nada, ni siquiera un vacío.
No existía más ese recuerdo en el que tanto tiempo había invertido, lo único que quedaba de él era su brillo. Un brillo irreal que sólo existía en mi mente, un brillo que no significaba absolutamente nada, sólo era eso. Sin embargo, el paso de los años borró el brillo y ese precioso recuerdo se esfumó dejando paso a nuevos recuerdos.

sábado, 11 de mayo de 2013

Mundos


En un micro que conducía hacia algún lugar se transportaban alrededor de cuarenta mundos, todos al mismo tiempo. Y ahí estaba yo, con mi ínfimo y pequeño mundito, pensando en los mundos de los demás. Era raro pensar que en el mismo planeta, habían millones de realidades diferentes y yo contaba con tan solo una. Me preguntaba en qué pensaría la señora que llevaba al bebé en brazos. Cuál sería la historia de su vida, la del muchacho de rastas, la del hombre de cuarenta que creía que tenía veinte, la de la anciana cuyos ojos parecían cansados. Hubiera dado cualquier cosa por saber que pensaban o poder pensar como ellos, ver con sus ojos. Tratar de crear sus historias en mi mente, no era solamente complicado sino que también era frustrante y gastaba mis energías.
En fin, alrededor de cuarenta mundos se despedían de mí para volver a encontrarse o quizás no, con el pequeño y despistado mundo que era mi cabeza en ese momento.

jueves, 9 de mayo de 2013

Oscuridad


Hacía una hora desde que el sol había caído. Las calles estaban vacías y lo único que se escuchaba era el leve rumor del viento. Estaba volviendo a su casa y caminaba a ritmo constante, tiritando por el frío invernal que la rodeaba. No estaba cerca, quedaban aproximadamente veinticinco cuadras por delante y estaba ya muy cansada.
En las primeras cuadras se enfrentaba con pura valentía a una de las situaciones que más miedo le causaban, conforme avanzaba por las cuadras sus sentidos comenzaban a alterarse.  Mientras más caminaba más notaba los pasos que la seguían, sumamente silenciosos. Pretendiendo no escucharlos caminaba más rápido pero solo logró que aumentaran junto con los suyos. No se atrevía a darse la vuelta así que miró de reojo. Había alguien. Estaba tapado… ¿o no lo estaba? ¿qué había visto? Hizo lo que cualquier persona coherente haría, tratar de llegar lo más rápidamente posible a su destino. Podía imaginar millones de cosas sobre aquella persona, incluso podía imaginar que no era siquiera humano, lo cual logró ponerle los nervios a flor de piel. Se lo imaginaba sonriendo malvadamente, con ojos de gato y mirada traviesa. Era morboso. Tenía miedo.
Pensaba que quizás ese ser/humano/lo que fuere, era producto de su imaginación pero cuando sintió su respiración en la nuca supo que era completamente real. Sus músculos se tensaron como si se tratase de los de una gacela, su instinto natural le decía: huye, corre, escóndete; en definitiva, sal de ahí ya mismo. Y eso hizo, corrió con todas sus fuerzas y siguió incluso cuando le costaba respirar. El ser corría pisando sus talones, podía sentir su oscuridad, su putrefacción alzándose por encima de ella. Desesperada, buscaba con la mirada algún ser viviente pero no había nadie a esa hora. ¿Qué podía hacer? Hubiera sido mucho más fácil si tan sólo la hubiera masticado cuando estaba atrás suyo.
Llegó al punto de estar completamente exhausta y rebozando adrenalina. En un ataque de nervios giró bruscamente para enfrentar a su cazador, lo arañaría, le pegaría, pero no saldría impune. Cuando se dispuso a dar la cara frente al acosador se encontró con una calle vacía y solitaria completamente sumida en la oscuridad nocturna. 

martes, 7 de mayo de 2013

Brújula


Agarrándola de la mano hacía girar a la pobre e ingenua joven. Disfrutaba cada movimiento, cada soplo de viento que acariciaba su cara al girar. Confiando ciegamente cerraba los ojos para que así, el muchacho la guiara por donde le pareciera más oportuno.  Giraba sin cesar, entregando su mundo, sus sueños y todos sus secretos. Parecía un momento eterno casi perfecto hasta que repentinamente la mano la soltó. Asustada, abrió los ojos buscando a su guía pero el chico había desaparecido. No había rastros de él por ningún lado. Estaba perdida y ni siquiera sabía cuál era la dirección que debía tomar para llegar a un lugar seguro.
Como si tuviera una brújula dentro de sí, una brújula que funcionaba gracias al instinto, comenzó a caminar en la dirección que presentía que debía ir. Al adentrarse en el camino tan sólo unos pasos se encontró nuevamente con el mismo joven. Resentida y sin ánimos de caer nuevamente en la misma trampa, siguió su camino. Pero él le regaló una sonrisa tan radiante, tan compradora, que ella no pudo negarse cuando la tomó de la mano. Felizmente se dejó llevar por la mano del muchacho y dejó que él la hiciera girar como si nada importara. Otra vez ese sentimiento, esa paz recubierta de euforia, giraba más rápido teniendo cuidado de no tropezar en el camino.
La mano se esfumó de entre las suyas, dejando a la muchacha tan desorientada como la primera vez. Otra vez su brújula buscaba un camino, un indicio, una corazonada. Escogió otro nuevo camino y comenzó de nuevo, esta vez, dispuesta a no distraerse. Pero otra vez su brújula se veía desconcertada y despistada por la sonrisa del muchacho. Caía una y otra vez en la trampa de miradas y falsa felicidad. Lo seguiría haciendo, repetidas veces. Daría vueltas en círculos por tiempo indeterminado, llegando a donde comenzó, comenzando por donde llegó.
Pero en algún momento y quien sabe cuándo, la joven soltará su mano dejando despistada a la brújula de un infeliz chico sonriente.