sábado, 27 de julio de 2013

La puerta.

Tenía miedo, mucho miedo. Ella bien sabía que los sentimientos eran un arma, de destrucción o de creación según como se los implementara. Pero en su caso los habían utilizado demasiadas veces para la destrucción. Por eso era que se mantenía alejada y muy pocas personas podían llegar a conocerla realmente. Escondía sus sentimientos en alguna cápsula cerrada dentro de alguna habitación bien cuidada porque la última vez que alguien cruzó por aquella puerta dejó en aquella habitación caos y tristeza. Un caos y una tristeza que habían tardado años en sanarse y nunca se habían curado del todo.

Y cada vez que alguien tocaba a la puerta, misteriosamente ésta se encogía y terminaba siendo tan pequeña e inalcanzable que quienquiera que hubiera llamado a la puerta se cansaba de tratar de encajar. Así la puerta se fue llenando de polvo y se volvió tan diminuta que casi nadie podía verla.

jueves, 20 de junio de 2013

Muerte

La muerte había rondado en sus sueños, una idea que la perseguía estando despierta. La había encontrado y le suplicó que le quitara la vida; al principio se negó, pero la joven fue tan insistente que no había quedado otra alternativa. Una vez que la muerte accedió, la muchacha se permitió recordar, todo aquello que dolía y lo que no. Fueron unos breves momentos, pero en este corto tiempo la muerte se había esfumado de su sueño y sus ojos se habían abierto.

Recorrió con la mirada su habitación descubriendo que todo seguía exactamente igual y una lágrima cayó de sus ojos. Fue la lágrima que desató una cascada, un mar de lágrimas. La habían decepcionado, se vio caer y caer, hundirse bajo tierra. Entonces algo sucedió, un dolor en el pecho, agudo y persistente. Su respiración se cortó y los latidos de su corazón se detuvieron. La muerte siempre cumple su palabra.

miércoles, 5 de junio de 2013

Tinta

Con una lapicera en la mano comencé a escribir sobre el papel nuestra  pequeña y triste historia de amor. Escribí por años en una hoja que parecía no tener final. Me disponía a seguir escribiendo cuando me di cuenta que ya no había más tinta.

viernes, 31 de mayo de 2013

Australia

Necesitaba escapar de tanto dolor, un lugar en donde refugiarme. Sabía a donde ir, no sabía como llegar. Todas mis esperanzas estaban depositadas en ese lugar, donde no esperaba que las cosas fueran mejores sólo dejar atrás todo lo que me lastimaba y no volver jamás. Durante meses me encontré consolándome con la idea, y eso era lo único que me mantenía en pie, por lo que lucharía hasta el último momento. Tal vez era alocado, tal vez no tenía sentido, tal vez no me serviría o no lo lograría. Ideas alocadas que habrían funcionado en alguna novela antigua cruzaban mi mente y me arrebataban de la realidad.

Ansiaba esas playas, el sol, estar sola sin conocer a nadie en un lugar desconocido. La rutina me estaba matando, la misma calle, el mismo micro, la misma gente y el mismo corazón partido. Por ahí no lograría mi objetivo yéndome y mi corazón seguiría roto indefinidamente; pero lo único que deseaba era alejarme. Siempre escapé de las cosas porque las únicas veces que quise hacerles frente se rieron en mi cara, dejándome desolada. Y ahí estaba yo, en la misma habitación soñando como tantas veces lo que sería llegar a mi sueño. Y aunque no fuera pronto, y aunque faltaran años, lo haría, tenía que intentarlo.Me iría, dejando en este pobre y triste lugar la estela de alguien cuya existencia sería olvidada por todas esas personas que significaban algo para mí. 

lunes, 27 de mayo de 2013

A cinco segundos de tocar el suelo

El aire alborotaba sus cabellos, haciendo que estos se movieran como látigos ciñéndose sobre su cara. Caía libremente, felizmente, sin preocupaciones; devorando distancia en poquitísimo tiempo. El suelo podía estar lejos o cerca, pero no le preocupaba, porque sabía que moriría así sea en el trayecto o tocando el piso. Pocos se animaban a saltar el acantilado infinito porque todos temían al final y temían también no encontrarlo. Pero ella no, sabía que todo terminaba o al menos, debía hacerlo; es por eso que creía que ella era capaz de encontrar el final del acantilado. Llevaba cayendo mucho tiempo, se sentía como si estuviera a punto de encontrar el centro de la tierra y aun así, nunca llegaba.

Entonces sucedió, un vuelco en su corazón, recordó el motivo por el que había saltado. Un final que ansiaba pero no podía dárselo ella misma, por eso saltó. Esperando olvidar, perdonar o reencontrarse a sí misma en el final. Un recuerdo enterrado a kilómetros bajo tierra fue traído a la superficie en el tiempo que cuesta chasquear los dedos. Sus lágrimas flotaron, perdiéndose en el aire. Algo dentro suyo se rompió, claro que no fue su corazón. Fue ella, entera, todo su interior estaba roto; sus creencias, sus sueños, sus esperanzas, sus miedos, se partió en dos. Se despidió de su mundo en un suspiro a cinco segundos de tocar el suelo. 

domingo, 19 de mayo de 2013

El olvido


Llevaba en mis manos nuestro último recuerdo, el más agradable, el más doloroso. Era tan frágil como sólo un recuerdo puede serlo. Lo cuidaba, lo alimentaba, trataba de hacer que crezca hasta que se convirtiera en algo real, en algo del presente. Sin embargo, no lo hacía; se volvía más inalcanzable y lejano aunque se encontraba en mi mano. Lo único que no cambiaba de ese recuerdo era el brillo y la calidez que recibía cada vez que lo miraba.
Lo llevaba conmigo a donde sea que me dirigiera, como si abandonarlo fuera lo último que haría en el mundo. Me atemorizaba tocarlo y que estallara, desapareciendo para siempre. Lo atesoraba, lo adoraba, me deleitaba con cada mirada que le echaba. Todo el cuidado y la atención que le di llevó al trágico y predecible final. Con el tiempo había perdido tamaño y cuando  lo toqué por última vez no fue necesario que se estrellara contra algo para que se rompiese. Simplemente lo hizo, desapareció. Tanto miedo había tenido a ese momento que cuando se rompió no pude sentir nada, ni siquiera un vacío.
No existía más ese recuerdo en el que tanto tiempo había invertido, lo único que quedaba de él era su brillo. Un brillo irreal que sólo existía en mi mente, un brillo que no significaba absolutamente nada, sólo era eso. Sin embargo, el paso de los años borró el brillo y ese precioso recuerdo se esfumó dejando paso a nuevos recuerdos.

sábado, 11 de mayo de 2013

Mundos


En un micro que conducía hacia algún lugar se transportaban alrededor de cuarenta mundos, todos al mismo tiempo. Y ahí estaba yo, con mi ínfimo y pequeño mundito, pensando en los mundos de los demás. Era raro pensar que en el mismo planeta, habían millones de realidades diferentes y yo contaba con tan solo una. Me preguntaba en qué pensaría la señora que llevaba al bebé en brazos. Cuál sería la historia de su vida, la del muchacho de rastas, la del hombre de cuarenta que creía que tenía veinte, la de la anciana cuyos ojos parecían cansados. Hubiera dado cualquier cosa por saber que pensaban o poder pensar como ellos, ver con sus ojos. Tratar de crear sus historias en mi mente, no era solamente complicado sino que también era frustrante y gastaba mis energías.
En fin, alrededor de cuarenta mundos se despedían de mí para volver a encontrarse o quizás no, con el pequeño y despistado mundo que era mi cabeza en ese momento.