La muerte había rondado en sus sueños, una idea que la
perseguía estando despierta. La había encontrado y le suplicó que le quitara la
vida; al principio se negó, pero la joven fue tan insistente que no había
quedado otra alternativa. Una vez que la muerte accedió, la muchacha se
permitió recordar, todo aquello que dolía y lo que no. Fueron unos breves
momentos, pero en este corto tiempo la muerte se había esfumado de su sueño y
sus ojos se habían abierto.
Recorrió con la mirada su habitación descubriendo que todo
seguía exactamente igual y una lágrima cayó de sus ojos. Fue la lágrima que
desató una cascada, un mar de lágrimas. La habían decepcionado, se vio caer y
caer, hundirse bajo tierra. Entonces algo sucedió, un dolor en el pecho, agudo
y persistente. Su respiración se cortó y los latidos de su corazón se
detuvieron. La muerte siempre cumple su palabra.