Hacía una hora desde que el sol había caído. Las calles
estaban vacías y lo único que se escuchaba era el leve rumor del viento. Estaba
volviendo a su casa y caminaba a ritmo constante, tiritando por el frío
invernal que la rodeaba. No estaba cerca, quedaban aproximadamente veinticinco
cuadras por delante y estaba ya muy cansada.
En las primeras cuadras se enfrentaba con pura valentía a
una de las situaciones que más miedo le causaban, conforme avanzaba por las
cuadras sus sentidos comenzaban a alterarse.
Mientras más caminaba más notaba los pasos que la seguían, sumamente
silenciosos. Pretendiendo no escucharlos caminaba más rápido pero solo logró
que aumentaran junto con los suyos. No se atrevía a darse la vuelta así que
miró de reojo. Había alguien. Estaba tapado… ¿o no lo estaba? ¿qué había visto?
Hizo lo que cualquier persona coherente haría, tratar de llegar lo más
rápidamente posible a su destino. Podía imaginar millones de cosas sobre
aquella persona, incluso podía imaginar que no era siquiera humano, lo cual
logró ponerle los nervios a flor de piel. Se lo imaginaba sonriendo
malvadamente, con ojos de gato y mirada traviesa. Era morboso. Tenía miedo.
Pensaba que quizás ese ser/humano/lo que fuere, era producto
de su imaginación pero cuando sintió su respiración en la nuca supo que era
completamente real. Sus músculos se tensaron como si se tratase de los de una
gacela, su instinto natural le decía: huye, corre, escóndete; en definitiva,
sal de ahí ya mismo. Y eso hizo, corrió con todas sus fuerzas y siguió incluso
cuando le costaba respirar. El ser corría pisando sus talones, podía sentir su
oscuridad, su putrefacción alzándose por encima de ella. Desesperada, buscaba
con la mirada algún ser viviente pero no había nadie a esa hora. ¿Qué podía
hacer? Hubiera sido mucho más fácil si tan sólo la hubiera masticado cuando
estaba atrás suyo.
Llegó al punto de estar completamente exhausta y rebozando
adrenalina. En un ataque de nervios giró bruscamente para enfrentar a su
cazador, lo arañaría, le pegaría, pero no saldría impune. Cuando se dispuso a
dar la cara frente al acosador se encontró con una calle vacía y solitaria completamente
sumida en la oscuridad nocturna.
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