En algún lugar lejano, una niña sostenía entre sus manos el
extremo de la tira de un cometa. El día
era espléndido y se encontraba en un extenso parque. El cometa se balanceaba en
el aire moviéndose en la dirección que los pies de la niña se movían. Ella
corría feliz. Trataba de hacer dar piruetas al cometa tratando de impresionar a
la madre que la observaba desde debajo del árbol. Se respiraba el aroma
característico de la primavera, ese aroma que llena el corazón de las personas
con promesas de amor, en la estación donde las flores renacen. Una ágil mariposa de color azul se posó sobre
el brazo de la niña y ésta maravillada trató de atraparla. El hilo que la unía
a la cometa resbaló de sus dedos y ésta se alzó en el aire, flotando a la
deriva. La descuidada niña miró a su cometa marcharse pero eso no la
entristeció, soñaba con algún día volver a encontrar su cometa atascado en una
nube.
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