sábado, 20 de abril de 2013

La caja


Sumida en sus pensamientos, atravesaba con su mirada el vidrio que separaba el micro de la calle. La melancólica melodía que se desprendía de sus auriculares la llevaba a recuerdos lejanos, sueños inconclusos. Guardaba en su interior palabras nunca dichas, sentimientos escondidos, anhelos improbables y un vacío en general. En un día feliz ella se remontaba a recuerdos que no volverían, que la habían abandonado para siempre. Como si se tratase de una caja de sonido una vez abierta, los recuerdos inundaban el aire, pero con un simple movimiento podría cerrar la caja para siempre.  Cerró los ojos y se imaginó su caja, sus recuerdos, hundiéndose en el mar, donde jamás podrían herirla otra vez. Pero tirar la caja sería como borrar parte de su pasado, un pasado que ahora lastimaba pero que una vez la hizo feliz. Sería como dejar una laguna sin recuerdos en una parte de su memoria.  ¿Cuántas veces había hundido cajas en el mar? No lo sabía, si lo había hecho, ahora era imposible recuperarlas. Y eso es a lo que temía, a querer recuperarla o a no querer hacerlo. A decidir que esos recuerdos ya no eran importantes cuando una vez sí que lo fueron.  Hacía días, semanas, meses que postergaba el abandono de la caja. Y una vez más, la cerró momentáneamente para dejarla en el lugar más alejado posible de su mente, esperando que algún día desapareciera debajo del polvillo.

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