martes, 9 de abril de 2013

Aire


Era una tarde fría y nublada, donde el aire abundaba por doquier pero mis pulmones parecían recibir poco y nada de oxígeno cada vez que respiraban. Estaba esperando en la parada a que llegara su micro, entonces se iría. La sujetaba entre mis brazos,  era tan frágil, siempre había tenido miedo a lastimarla. El viento echó sus pelos a mi cara y la refugié entre el perfume de su cabello. Inundó cada recoveco de mi mente con su increíble y delicioso olor. Había sido un abrazo inseguro en un principio, no debió haberse dado cuenta que ambos anhelábamos lo mismo, pero después la sujeté con firmeza y ella finalmente suspiró. No sabía cuánto tiempo llevábamos así pero no quería que terminase nunca. Cerré los ojos.
Entonces el viento sopló un más fuerte y tiritando me abrazó un poco más, esperando conseguir calor de mi cuerpo. Mi respuesta fue un abrazo un poco más fuerte y menos reprimido de lo que me hubiera gustado que fuese. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que el cuerpo de la chica a la que estaba abrazando comenzaba a tiritar con más intensidad. Abrazarla con más fuerza no fue suficiente, mientras más fuerza hacía, más fuerte tiritaba.
Fue cuando abrí los ojos que me di cuenta de que había desaparecido y estaba abrazando a una especie de fantasma que ya no se encontraba allí.

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