miércoles, 10 de abril de 2013

Lluvia.


Esperaba a alguien y mientras tanto tenía la esperanza de que nada se le pasara por alto. Una bandada de pájaros que revoloteaban en lo alto, una hoja que atravesaba la calle al ritmo del viento a través de los autos, la risa de algún niño. El día la aprisionaba con sus nubarrones gris oscuro haciéndola sentir como si estuviera en una de esas pequeñas bolas de nieve de juguete.  El viento alborotaba el pelo que había peinado con esmero para su encuentro.  Una gran tormenta se avecinaba. Era verdad que ella había llegado más temprano de lo acordado pero el tiempo pasó y él estaba llegando media hora tarde. Comenzó a llover como si no hubiera en mañana y no tuvo más remedio que resguardarse en el techo que sobresalía de un quiosco, decidió esperar quince minutos más pero aun así, no apareció. Totalmente herida y desconsolada dio media vuelta y se fue por donde había vuelto.
Diez minutos más tarde un muchacho completamente empapado se paró en el mismo lugar donde la muchacha se había parado instantes antes. Con la respiración agitada recorrió con su mirada desesperadamente la calle. No estaba en ningún lado, ¿acaso ya se había ido? Sabía el camino a su casa así que corrió por una de las calles y en la distancia reconoció una campera azul. Con la poca energía que le quedaba corrió tras ella por tres cuadras seguidas. Cuando estuvo a su lado tomó su mano, ella se giró y sus ojos se encontraron en medio de la tempestad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario